sábado, 29 de abril de 2017

NALO ALVARADO INVITA DESDE EE. UU. EN SU BLOG CHIQUIAN Y SUS AMIGOS PARA EL JUEVES 4 EN EL MARIATEGUI


LA SOCIEDAD LITERARIA AMANTES DEL PAÍS,
Y LA ASOCIACIÓN AMIGOS DE MARIÁTEGUI


I N V I T A C I Ó N

El próximo JUEVES 4 de mayo, en la Casa Museo José Carlos Mariátegui, sito en la Av. Wáshington N° 1946, en Lima (a media cuadra de la Av, 28 de julio), a las 7 pm, se presentará el poemario de la peruana Bertha Molina:
La presentación estará a cargo de:

RICARDO PORTOCARRERO GRADOS

FANNY DEL ROCÍO PALACIOS IZQUIERDO

JOSÉ BELTRÁN PEÑA

Con la participación musical de la cantautora SEIRA.


INGRESO LIBRE
Bertha Molina, dama peruana conocida como "Ruth"

Musa del Amauta, José Carlos Mariátegui, cuando era joven, 
con quien mantuvo importante comunicación epistolar.
 Óleo de Bertha Molina

Ruth, además de pintar escribía poemas y cuentos. 
Fue antologada a nivel hispanoamericano como en:

"CANTOS" Por FANNY JEM WONG

 


    
            CANTOS

CANTO PRIMERO –“LLORAN LOS POETAS”


El jardín de turquesas y amatistas
Agoniza bajo los pies de rameras
Danza sangrienta de infernales entes
Sacudiéndose la sangre de sus furiosas espadas.

Sincronización, condensación perfecta
Metales impuros, crueles asesinos
Combate desigual, torrente que arrastra
Corriente de puñales que se clavan por la espalda.

Lloran los poetas decepciones
En linfa de crudo hierro y acero
Pretenden doblegarlos ¡Asesinos!
El carácter de sus plumas se revela y lucha.

Lo arrastran
Lo hunden
Lo clavan
Lo atropellan
Lo amordazan
Lo patean

Solitario jardín de esmeraldas y jades
Lloran los sauces ríos de sales
Turquesas y amatistas pierden sus luces
Las esperanzas corren hacia las horas muertas.

La belleza que oculta bajo cada piedra de mi casa
Será en su momento revelada
No se puede ocultar la luz del sol con un dedo
Podrán arrastrar el honor y la verdad
Hacia páramos fríos y oscuros.

Quizás hacer del poeta carne para hienas
Pero las manos del pulidor recuerden… es sabia
Mientras haya vida, la rueda del tiempo gira
Acción - reacción no podrá ser detenido.

Patrones templados invisibles
Revelaran en el momento justo verdades
Piedras milenarias pulirán nuevas armas
Y el canto del poeta renacerá de las cenizas.

La marca del fuego protege su pluma
Renacerá y pintara nuevos cantares
Se vestirá de fiesta aunque tapien su ventana
Y mostrara el rostro con la frente altiva.

Y aunque hoy solo reciba silencio espeluznante
Volverán a brillar las flores de piedras celestes
El canto del alma nunca será acallado
Y volveré a escuchar del poeta sus alabanzas.

Entonces podré gritar con toda mis fuerzas
En el jardín de las turquesas,
Amatistas, esmeraldas y jades
¡Renace Poeta! ¡Canta Poeta…Canta!



CANTO SEGUNDO – SACUDAN EL POLVO Y LA MISERIA

Aquí dentro de mi casa camina hoy la muerte
Secuestrando las almas de mis hermanos
Los espejos muestran rostros distorsionados
Mientras sus cantos son lapidados.

Oigo la voz de una conciencia suprema
Que dice: ¡No! ¡Hoy no te comas las ranas!
No comprendo qué sucede en mi casa
Por qué entre hermanos se punzan las llagas.

¿Es acaso que el santuario se cae a pedazos?
¿Es acaso solo un castillo de naipes que se desarma?
¿No es la vida ya bastante complicada y dura
Para perderla absurdamente y ensuciarla?

Los muertos solo satisfacen las lenguas
Mientras se frotan furiosos las entrepiernas
¿Por qué no sacudirse el polvo y los cuernos?
¿Por qué aceptar miserias y egoísmos que matan?

Liberen poetas con entereza los cantos celestiales
Destierren los desechos putrefactos de las aguas
No arrastren las flores y la causa por el fango
No hagan leña de los árboles caídos que lloran.

No levante espuma verde y grueso esputo
No metan más los dedos en las llagas
Es acaso que nadie comprende que no hay que hacer mal
Porque se cosecha lo que una vez fue sembrado





·CRÓNICA DE UNA GUERRA PERDIDA" Por VANESSA ESTHER



         CRÓNICA DE UNA GUERRA PERDIDA

Mi soledad me lanza un grito en el alma,
Me dice que no te haz ido,
Haz levantando sobre ella un campo de guerra,
Quieres destruirme desde adentro,
Haciendo explotar mi cabeza con el recuerdo
De tu arsenal de mentiras, de calibre tan hiriente.

Enemigo mio, me he quedado sola,
Sola en medio de la muerte,
Veo por doquier los cadáveres de tus promesas.
Camino en medio de ellas sin esperanza,
Y las noticias confirman tristemente mis sospechas: no hay sobrevivientes.

Mis aliados me traicionaron
Mis tropas se rindieron a la mitad de la batalla
Me he quedado sola.
Invadiste cruelmente todos mis dominios
A sangre y fuego,
Y eres tan perverso que no te haz ido,
Y es que, definitivamente,
No sabes perder.

"ANTES DEL TRIZIAGO" DE GERARDO GARCÌA ROSALES Por MARTÍN FIERRO ZAPATA.

Resultado de imagen de GERARDO GARCÍA ROSALES
GERARDO GARCÍAROSALES.


En unas más que en otras de las 35 historias atractivas y entretenidas, del libro de Gerardo Garcíarosales, la ficción se expresa no únicamente mediante el lenguaje de los sucesos, de hechos literarios, sino también a través de la magnitud verbal de la poesía.
El mencionado escritor nacional, que es un talentoso poeta, ha escrito, con admirable versatilidad –pasando de la poética a la narrativa- los contenidos de Antes del trisagio, impreso en Soluciones Gráficas SAC 2013, utilizando el lenguaje de las imágenes verbales en sus dimensiones literarias.
De manera que, en los tres grupos de cuentos breves que contiene el libro, las locuciones narrativas se alargan o acortan según la magnitud de los sucesos; las expresiones se dilatan o comprimen en altitud o profundidad, atravesando la superficie de la realidad real y proyectándose hacia perspectivas imaginarias; y la luz o la sombra se contrastan clarísimas y precisas en el volumen de las metáforas y símiles de la prosa poetizada; asimismo, la dimensión del tiempo ficticio se desliza por los hilos sutiles de una analepsis o una prolepsis, configurando unidades espacio-temporales de historias creadas y recreadas por la dinámica imaginativa del autor.
Los hechos y sucesos están escritos con técnicas y recursos vinculados a la gramática poética, que posibilitan al autor, de amplia trayectoria y experto en el manejo del arte de la palabra bella, escribir ficciones de encomiable factura literaria que tienen, la mayoría de ellas, como fuente de motivación a referencias y noticias propias de la creativa oral.
Las narraciones de la tradición oral tienen su propia estructura de contenido y su belleza formal; están configuradas con palabras artísticamente expresadas a través de bellísimos kenqos y watuchis (metáforas e incógnitas); han sido elaboradas con la magistral kapaq maki (mano animadora) de la imaginativa popular. Tienen su propia y especial literatura, su literatura oral; si requieren de la escritura es solamente para perennizar su contenido verbal en el sostén de la memoria escrita. No necesitan ser literaturizadas por la palabra escrita. Y el autor lo entiende así, y las toma únicamente como referencias, no las rehace ni las recrea; antes bien, las ubica en la literatura escrita, las dimensiona en contextos de espacio y tiempo, en hablantes y lectores de la actualidad.
Veamos nuestra afirmación en uno de los contenidos del libro.
En ¡La inolvidable María!, de la primera parte del libro (Cuentos de ternura), la ficción refiere una historia de sanación tradicional de unos niños que sufren el trauma psicológico provocado por el ímpetu geológico de un sismo. Los galenos no los curan, los curanderos tampoco. Finalmente, el narrador-protagonista testimonia que él logra sanarse no por la curación popular, sino por la aparición de un fantasma, el fantasma del “ama afectuosa” que “apareció de la nada”, después de haber sido “sepultada” por el sismo.
Las heridas psicológicas y espirituales, en la realidad real de la actualidad, son atendidas por los correspondientes profesionales de la salud y, cuando no es posible la presencia de estos, los encargados del asunto son los curanderos de la sabiduría ancestral. El remedio tradicional contra el mal de susto de los niños, incluyendo los adultos, en la medicina pan-andina es la frotación con huevo de gallina, o con el cuy o recurriendo al prodigioso influjo y al fermento de las flores, como la retama.
Pero, en el texto que comentamos, la curación se realiza con la aparición del fantasma de una tierna sirvienta que, ante el desvarío del niño asustado, le diagnostica cerrar la puerta de la memoria, con calma y silencio, para que el susto que lo desespera salga y se vaya por la contrapuerta del olvido.
Y, esta manera de curación –digamos fantasmal-, es así porque el contenido de ¡Inolvidable María! es un cuento, una historia ficticia, una fantasía; no es una guía de sanación folclórica; es la imaginación libre sobre la realidad de la curación tradicional. El autor se informa de un contenido de la oralidad literaria, sin imitarlo ni plagiarlo; ni se limita a repetir lo que cansinamente se redunda en la tradición oral; antes bien, inventa con la técnica del raconto y el flashback, y propone otras posibilidades de curación anímica y espiritual: con la presencia de un fantasma bueno y tierno, como el de María.
Sabido es que un producto de la oralidad literaria, en sus inicios, en su texto original, tiene autoría personal, individual; alguien del grupo, del pueblo, lo crea embelleciendo y haciendo arte con la palabra oral; después la colectividad lo hace suyo con la dinámica de la anonimia y confrontándolo con su realidad real, con su identidad cultural.
En el cuento del escritor Garcíarosales, el fantasma bueno, que sana el mal de susto enquistado en la memoria por causa de un sismo, es, precisamente, una propuesta poética de curación emotiva, que la oralidad podría hacer de su autoría colectiva. Y no es una aporía esta posibilidad, porque el argumento de la historia sale del pueblo con posibilidad de volver a él, es como un hilo narrativo que se desovilla del contexto popular, informa, enseña y entretiene al lector de literatura escrita, para luego poder ovillarse en el lenguaje oral, presto a expresarse como producto colectivo.
En los contenidos del libro, el lenguaje de imágenes escritas en prosa se desarrolla como cuadros de sucesos y párrafos líricos, Y, más que prosa poética o poesía narrativa, el lenguaje que utiliza el autor es una prosa poetizada, escrita adecuando los recursos e instrumentos de la creativa poética a la narración. El resultado es el maravilloso florilegio de narraciones cortas de un escritor que cuenta, con fondo de atmósfera poética, historias y argumentos vinculados a la oralidad literaria.

viernes, 28 de abril de 2017

BRUNO PORTUGUEZ: PINTURA DEL PERÚ RAIGAL Por WINSTON ORRILLO



“Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo”.

                              Alejandro Romualdo


La gran pintura de Bruno Portuguez, para nosotros, es el símbolo de la sobrevivencia del Perú, de nuestra bienamada patria, a pesar de las vicisitudes trágicas que todos padecemos.
Su arte, que tiene como leit motiv el Perú raigal, de los Andes, a pesar de ser él chorrillano, se muestra, integérrimo, en “Perú al pie del orbe”, colección que se está presentando en la querida galería Ccori wasi, de la Universidad Ricardo Palma.
Como es obvio, el título parte de un verso de César Vallejo, y es un derrotero para conducirnos adonde él quiere llevarnos: al país que es, realmente, el nuestro, y no esa caricatura histriónica, bufonesca que los media nos presentan, cotidianamente, al exhibir, con toda impudicia, a la clase política que detenta el poder, y para la que es aplicable aquello de Marco Aurelio Denegri, quien trajo a nuestro vocabulario: el término excrementicio.
Y el epígrafe con el que empieza esta nota, es de otro inmenso artista peruano: Alejandro Romualdo, tomado obviamente de su conocido Canto coral a Túpac Amaru, que es la libertad, y representa, precisamente, la resistencia que el país raigal, el que parió la insuperada cultura inca, sigue teniendo, merced, precisamente, a artistas como Bruno, que, con su paleta (igual que lo hace Fanny Palacios, su compañera de toda la vida) se alínea con “los de abajo”, y nos los muestra en la grandeza de sus vivencias que configuran el país que no morirá jamás, y al que “no podrán matarlo”, a pesar de los denodados esfuerzos que la clase dirigente hace para convertirnos en un mero y servil productor de materias primas, totalmente sumido en una posición deprecatoria.
La presente muestra incide en escenas populares que, a decir verdad, se hallaban, siempre, permanentemente en el substrato de todo lo que hacía el maestro chorrillano, independientemente de que sean retratos los motivos de otras muestras suyas –y de los tomos de sus volúmenes pulquérrimamente editados.
Figuras-símbolos
Tres personajes fulgen en la presente ocasión, independientemente de las escenas colectivas. Se trata de a quien Raúl Porras Barrenechea, llamara, “el primer peruano”: el Inca Garcilaso de la Vega; el segundo es, con toda justicia, Máximo Damián Huamaní, violinista entrañable y quien tocara en las honras fúnebres de José María Arguedas, precisamente, por pedido expreso del autor de Todas las sangres. Y el tercer retrato es un símbolo vivo de la resistencia contra la contaminación del medio ambiente y del agua. Se trata de la tan maltratada, pero heroica cajamarquina, Máxima Acuña.
El lenguaje del color: el realismo
Así como no se concibe a un poeta que no domine la palabra, así el pintor debe ser –y Bruno lo es- un maestro en el uso del color que le sirve, idóneamente, para conducirnos por los meandros de una realidad múltiple, polifacética, en la línea de un realismo como el practicado por Sabogal, Panchito Izquierdo y Toto Nuñez Ureta, y todo esto no es obra de birlibirloque, sino que es, stricto sensu, la continuidad de un realismo que nos viene desde el arte preinca, con los portentos de los nazcas, chavines y vicús.
Arte, el suyo, pleno de esperanza y de un voto pertinaz por una realidad, por una humanidad, que a pesar de los esfuerzos apocalípticos de siniestros personajes como un tal Trump, sobrevivirá, porque hay -y seguirá habiendo- muchos otros artistas que votan por la vida y por el triunfo del arte como expresión de la esperanza y de la sobrevivencia del amor y de la realidad.
Egresado de Bellas Artes, donde se nutriera de los clásicos, Bruno demuestra que aprendió muy bien la lección que ahora, muestra a muestra, nos la da el mismo.

(Foto: Cortesía Diario Uno.)

DURMIENDO CON HUMAREDA Por MARÍA ELENA RODRÍGUEZ CHAVARRI.


DURMIENDO CON HUMAREDA

Desde que llego a mi este extraordinario libro "HUMAREDA", 
en una edición de lujo bellamente empastado y 
con fotos espectaculares de los cuadros del pintor; 
se ha instalado en mi cama, me espera todo el día a 
que regrese de la oficina y también vela mis sueños, 
pero cuando tengo el tiempo preciso, 
lo recibo en mis brazos amorosos y 
bebo de su texto escrito con tanto conocimiento 
del manejo del idioma, tan lleno de poesía y 
sobre todo tan colmado de preciosas anécdotas de sus amigos.
Tremendo esfuerzo de investigación de su autor, 
el extraordinario poeta puneño, narrador, catedradico, 
investigador y artista multifacético, Omar Aramayo
quien le ha hecho justicia ademas 
de rendirle un homenaje a su paisano. 
En esta joya de libro se puede respirar, visualizar y 
hasta oler al genial Humareda. 
Veo las reproducciones de sus cuadros y degusto 
su texto como un delicioso manjar, lentamente 
pero apremiada por saber más, pero tratando 
que jamas termine y se prolongue el placer, y 
creo que HUMAREDA lo sabe. 
A veces me quedo dormida con él, en mis brazos. 
Al día siguiente de traerlo a casa, un amigo 
a quien le prometí prestárselo me pregunto 
si ya lo había terminado, imagínense, llegara un día 
que lo haga porque lo leo y lo releo (estoy en la mitad) y 
cuando mi amigo lo lea y LO DEVUELVA de todas maneras, 
porque encima y para mas valor, Omar me lo ha dedicado, 
se que lo volveré a leer. 
Mientras tanto el seguirá durmiendo conmigo en mi cama y 
traicionando Marilyn Monroe.
Resultado de imagen para jose beltran peña

El libro en mención, y el doble libro que se presentó la noche,  que el escritor Omar Aramayo, recibiera el Premio "PALABRA EN LIBERTAD" de la Sociedad Literaria Amantes del País, en el Club Social Miraflores.

POESÍA PERUANA SIGLO XX: DE LOS AÑOS 60 A NUESTROS DÍAS. Por RICARDO GONZÁLEZ VIGIL.

Resultado de imagen para ricardo gonzález vigil



Teniendo como punto de partida la muestra generacional Los nuevos (1967) de Leonidas Cevallos, se ha generalizado el reconocimiento del importante rol innovador llevado a cabo por la Generación del 60 dentro de la poesía peruana . De un lado, la cancelación de la pretendida oposición entre "poesía pura" y "poesía social" o "comprometida"; y, de otro lado, la asimilación plena de los recursos y designios creadores (en su mayoría de matriz vanguardista, siendo su eje el Imagismo de Pound y Eliot) de la poesía de habla inglesa: el anhelo de un "poema total" que no sea sólo lírico, sino que integre lo lírico a lo épico y aun a lo dramático (fusión conseguida, otrora, por los poemas homéricos y por Dante), lo cual conlleva el empleo de coloquialismos y recursos narrativas; también, la integración de diversos niveles de lengua y perspectivas (característica cubista extremada por el Imagismo de Pound), la actitud reflexiva-desmitificadora-irónica (ahí se suma la lección del alemán Brecht), las referencias culturales en diversos idiomas, etc.

       Dicha asimilación de la poesía inglesa contemporánea cuajó entre  1964 y 1968 con Comentarios reales (1964) y Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968) de Antonio Cisneros, y con Consejero del lobo (1965) de Rodolfo Hinostroza, a los que cabe añadir textos diversos de Luis Hernández (éste toma libérrimamente variadas fuentes de la "modernidad", no sólo las de lengua inglesa), Mirko Lauer y Julio Ortega. Antes de esos años, la poesía peruana privilegió las enseñanzas de la "modernidad" en lengua francesa y, en no pocos casos, en lengua española (sobre todo, la Generación del 27 y los logros de Rubén Darío, Vicente Huidobro y Pablo Neruda). Enseñanzas todavía dominantes en el lapso 1960-1964: Heraud, Calvo, Corcuera, Naranjo, Razzetto, Camero Roqué y los primeros poemarios de Cisneros y Hemández. Resulta claro que las enseñanzas francesas e hispánicas (a veces complementadas con contribuciones italianas y alemanas, cuando no orientales) persistieron en varios poetas de la Generación del 60: Calvo, Corcuera, Naranjo, Camero Roqué, Ojeda, Orrillo, Martos, Ricardo Silva-Santisteban, Hildebrando Pérez (en él prima la savia andina), Aguilar, Gómez, Pantigoso y Morote.

        Esto conviene consignarlo para no reducir los 60 a una de sus vertientes creadoras, aunque ésta sea la más innovadora, la de mayor resonancia en las generaciones siguientes, la del "británico modo" de Cisneros-Hinostroza-Hernández, trío crucial. Además, cualquiera sea la valoración que hagamos de dicha línea innovadora e influyente, no debemos olvidar que no reemplaza a los fundadores de nuestra poesía en el ámbito modernista-postmodernista y vanguardista-postvanguardista, sino que se agrega a ellos. Y, por cierto, las huellas de Eguren, Vallejo, Adán, Oquendo de Amat, Moro o Westphalen pueden rastrearse, según el caso, en Cisneros-Hinostroza-Hemández-Lauer-Ortega.

        En lo tocante a la Generación del 70, su importante contribución a la poesía peruana no ha logrado un reconocimiento crítico tan consensual como el conseguido por la Generación del 60. Las declaraciones parricidas tan irreverentes de los grupos y revistas de la Generación del 70, especialmente las del Movimiento Hora Zero, han cosechado la animosidad de los creadores y críticos de las generaciones del 50 y del 60; de otro lado, a causa de una actitud de apartamiento semejante a la de los postvanguardistas frente a la aventura vanguardista, muchos poetas surgidos a partir de 1975 han juzgado con severidad las pretensiones del 70, prefiriendo los hallazgos más seguros, menos ambiciosos, de los poetas del 50 y del 60. Sea como fuere, resulta patente la influencia de la Generación del 70, y en particular de Hora Zero (movimiento que, luego de su primera y principal etapa, la de 1970-1973, ha tenido una presencia renaciente y ubicua, con nuevos manifiestos en 1977 y en los años 80) en agrupaciones posteriores, como el Movimiento Kloaka (formado en 1982) y los grupos Neón y Noble Katerba (ambos de inicios de los años 90), así como en los poemarios de Jaime Urco, Enrique Sánchez Hernani, Carlos Reyes Ramírez, Ana Varela Tafur, Marita Troiano, Eduardo Rada, José Beltrán Peña y Montserrat Álvarez.

            Ya es hora de evaluar sin apasionamientos los aportes poéticos de la Generación del 70. Un indicio de su relieve es que cuenta con mayor número de antologías que cualquier otra generación de poetas peruanos. Albergó revistas, grupos, manifiestos y declaraciones colectivas en una medida nunca registrada en nuestras letras, al punto que su irrupción adquirió un aire de "nuevo vanguardismo" o "neovanguardismo": "Gleba" (1965-1968), "Estación Reunida" (1966-1968), "Nueva Humanidad" (1969), "Cirle" (1969-1971), "Hora Zero" (de 1970 en adelante, con gran poder de convocatoria en diversas ciudades del país y con ramificaciones internacionales, se yergue como el movimiento poético más importante que haya tenido la literatura peruana) , "poetas mágicos" (alrededor de 1970), etc., Pero también pertenecen a la Generación del 70 voces insulares o marginales, al margen de las agrupaciones: Abelardo Sánchez León, José Watanabe, Patrick Rosas, Rosina Valcárcel, etc.
La línea dominante, simbolizada por Hora Zero y Estación Reunida, puesta de relieve por las primeras muestras antológicas de esta generación, las de Manuel Velásquez Rojas y José Miguel Oviedo (Estos 13, 1973, tuvo una repercusión considerable en nuestro medio), se sitúa dentro de la asimilación de la poesía contemporánea de lengua inglesa lograda por la Generación del 60, pero con importantes rasgos diferenciales, llena de conexiones con la poesía de Arguedas de los años 60, los beatnik norteamericanos, Emesto Cardenal, el neorrealismo narrativo y la nueva narrativa" del boom hispanoamericano, más que con las sendas abiertas por el trío Cisneros-Hinostroza-Hemández: la acentuación del ideal de un "poema total" (lírico-épico-narrativo, con mucho de testimonio o de crónica), siendo su exponente mayor la propuesta horazerista del "poema integral"; la óptica popular, atenta a la "versión de los vencidos" (raíces prehispánicas) y a los padecimientos de "los desgraciados" (para usar el título de un poema de Vallejo, autor de enorme gravitación en la Generación del 70, sobre todo Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz), lo que conlleva un coloquialismo de una complejidad cultural (migraciones, fusión de "todas las sangres", español quechuizado, etc.) diversa de la replana adolescente, propia de los barrios burgueses, de algunos poetas de los 60; en general, un querer escribir desde la realidad peruana, con un vitalismo y un exteriorismo creador alejado del cultismo, el cosmopolitismo y el horror al sentimentalismo de los poetas al "británico modo" de los 60.
Conviene destacar que esa línea confinante se plasma en lenguajes poéticos con marcas personales, muy diversos entre sí, y no en un estilo uniforme. Repárese en los estilos tan diferentes de Pimentel, Ramírez Ruiz, Morales, Sánchez León, Verástegui, Nájar, Mora, Rosas Ribeyro, Carmen Ollé, Cerna, La Hoz, Ricardo Oré, Marcial Molina, Cesáreo Martínez, Sánchez Lihón, José Luis Ayala, Ricardo Falla y Samuel Cárdich.

           Además de esa línea central, puede detectarse en varios poetas de la Generación del 70 el legado simbolista-vanguardista con paradigmas en la poesía francesa y, en menor medida, iberoamericana, unido a una amplia familiaridad con los clásicos de Occidente y Oriente: Armando Rojas, Watanabe, Toro Montalvo, Zúñiga Segura, Aramayo, Rosina Valcárcel, Sonia Luz Carrillo, Elvira Roca Rey, Ana María García, Otilia Navarrete, etc.

       Cabe llamar la atención sobre la trascendencia de las voces femeninas de la Generación del 70. La notable floración de la poesía escrita por mujeres en los años 80 y 90, sin desconocer resonancias de las voces mayores (sobre todo, Blanca Varela), ha tenido como ejemplos desencadenantes a dos poetas de la Generación del 70: María Emilia Cornejo y, en particular, Carmen Ollé (su libro clave, Noches de adrenalina, 198 1, estaba vinculado a la aventura horazerista). Junto con ellas, y con Rosina Valcárcel y Sonia Luz Carrillo, que publicaron en los años de despegue de la generación, tenemos la valiosa obra poética de autoras tardíamente dadas a conocer: Ana María García, Elvira Roca Rey, Otilia Navarrette y Luz María Sarria.

        Volviendo a las diferencias entre las generaciones poéticas del 60 y del 70, nos recuerdan la continuidad y ruptura que hay entre el inicio de la "modemidad" poética entre nosotros, con los poetas modernistas y postmodernistas, tendientes al cultismo, el refinamiento, el cosmopolitismo y la valoración de la orfebrería artística (su equivalente: la Generación del 60), y la exacerbación de la "modemidad", con los poetas vanguardistas, amigos de grupos y manifiestos, en gran parte de procedencia provinciana, atentos a la problemática de nuestras raíces indígenas y tensiones histórico-culturales (su equivalente: la Generación del 70).

          Y así como el ultraísta español Guillermo de Torre ha descrito el paso de la "aventura" vanguardista a la "vuelta al orden" postvanguardista , aquí podemos observar que la "aventura" de la Generación del 70 se vio seguida de una especie de "vuelta al orden", con los poetas de mediados de los años 70. La lección neovanguardista del 70 no desaparece, como tampoco sucumbió la resonancia vanguardista en 1930-1950; pero, sin duda, pasa a segundo plano o, en todo caso, se atempera, con los poetas del lapso 1975-1990.

          Se ha hablado de generaciones poéticas del 75, 80 y 90, apoyándose en publicaciones y grupos de esos años, y en el contexto histórico: segunda fase del gobierno militar, 1975; nueva etapa de elecciones democráticas e inicio de la "guerra sucia" entre Sendero Luminoso o el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y las fuerzas del orden, 1980; y gobierno de Fujimori, 1990, aunque aquí sobresalga el simbolismo mayor de 1992, por la disolución fujimorista del Parlamento, la captura de Abimael Guzmán y gran parte de la cúpula senderista, más las conmemoraciones del Quinto Centenario del viaje de Colón. A nuestro juicio, cabe distinguir dos momentos: el lapso 1975-1989 (cumple con los quince años del método generacional de Ortega y Gasset) y los años 90, separados por la enorme fractura ideológica desencadenada por la caída del orbe soviético y el desprestigio de los socialismos "realmente existentes", así como la recepción prestada a conceptos tan discutibles como los de "Postmodemidad", "Generación X", "Globalización" y las proyecciones al "tercer milenio".

                Todavía se ha estudiado poco la creación poética posterior a la Generación del 70, de tal modo que resulta prematura una diferenciación rigurosa del 75/80 y del 90. Lo que sí puede constatarse es la abundancia de nombres dignos de consideración, así como sus vínculos con las diversas líneas de nuestra tradición poética: Eguren, Vallejo, Adán, Oquendo de Amat, Moro, Westphalen, Eielson, Blanca Varela, etc. La alta calidad y riqueza de recursos expresivos, unidas a un designio creador ambicioso y exigente (poemas extensos o libros sumamente orgánicos), de los poetas más jóvenes de esta antología, Lizardo Cruzado, José Carlos Yrigoyen y Alberto Valdivia Baselli, prueba contundentemente la vitalidad actual de nuestra poesía, siempre entre las más notables de las letras iberoamericanas.



 (Tomado de 
Poesía Peruana Siglo XX : De los años ´60 a nuestros días / Selección, prólogo y notas de Ricardo González Vigil. Lima : Ediciones COPE, 1999. p. 25-30.


Resultado de imagen para ricardo gonzález vigil